Ecos de un proceso: 26J

No empezar este catálogo de ecos de un proceso por el papel de las encuestas en el mismo, seria poco relevante, porque por segunda vez, como mínimo, el 26J las empresas de demoscopia han demostrado su sumisión a los intereses del cliente, con pocas excepciones, o su falta absoluta de profesionalidad. Sólo nos queda esperar, vanamente, que cierren y se dediquen a otros menesteres. El sondeo de Sigma Dos para RTVE a pie de urna, nos costó 600.000 euros, y no acertó ni una: dió mayoría absoluta a la izquierda, sorpasso y un PP con 20 diputados menos, por ejemplo. Cabe desear que en la próxima cita electoral, nadie contrate a Sigma Dos, o que quien lo haga no sea con dinero público.

En segundo lugar, y como otros agentes claves en el proceso, debo mencionar a los medios de comunicación, muy definidos en sus apoyos. El complejo Atresmedia repartiendo los suyos entre PP y Podemos, de manera evidente y descarada, los diarios escritos, tradicionalmente de derechas, tipo ABC, La Razon, etc, apoyando al PP, los digitales en función de sus mentores, a PP o Podemos y el tradicionalmente más favorable al PSOE, PRISA, muy centradito en sus actuaciones y poco definido, más allá de patrocinador, en sus editoriales al menos, de la Gran Coalición.

En cuanto a los resultados hay que empezar por reconocer el éxito de un amortizado Rajoy. Amortizado hace unos meses, pero muy rampante ahora, porque ganar escaños y votos sobre el 20D, es un éxito que sólo él ha conseguido, de entre los 4 grandes partidos nacionales. Ha acabado con el argumento de varios de sus oponentes de “pacto con PP si, pero con Rajoy no”, de la mejor manera para sus intereses, en las urnas. Mención aparte quiero hacer del hecho de que la corrupción que les impregna, en la que viven y de la que viven, no les ha pasado factura: han crecido en todas las zonas en las que más corrupción les ha aparecido en los últimos 6 meses (Valencia, Murcia y Madrid) e incluso con el turbio asunto del turbio ministro Fernández Díaz, ha logrado 1 escaño más en Catalunya. No lo asimilo, pero lo constato: no es pais para escrupulosos, en esto de la corrupción, más allá de los comentarios de bar o cuando llaman los encuestadores del CIS. El miedo a Podemos, al Brexit y a la incertidumbre, ha movilizado todo el voto actual de la derecha hacia el PP.

Para el PSOE, que sigue cayendo, volvemos a hablar de una “dulce derrota”. No ha habido sorpasso de los emergentes, que no nuevos por sus métodos, a pesar de haberse juntado TODO lo que hay a la izquierda de la socialdemocracia, pero se pierden escaños y algunos votos que se añaden a la pérdida de diciembre, lo que acentúa la derrota contra nuestro verdadero rival, el PP. Y nos quedamos con un apoyo y unos números que, ciertamente, anulan casi toda posibilidad de ser alternativa de gobierno, lo que significa, en roman paladino, que “toca” ser oposición. Y cuanto antes asumamos eso, antes dejarán de presionarnos para tomar decisiones, que competen al ganador. Las razones de la pérdida de votos, supongo que el cansancio y, no creo que muchos, votos de castigo al pacto con Ciudadanos. En cualquier caso, creo que el esfuerzo por evitar volver a elecciones no se ha recompensado, aunque fue importante hacerlo, en mi opinión. Y otra posibilidad es que se haya penalizado la imposibilidad de llegar a un acuerdo de izquierdas.

Para Podemos las cosas han ido mucho peor. Pierden 1,2 millones de votos, aunque esta vez no se quejarán, como siempre han hecho, de la ley D’Hont, que no les ha hecho perder escaños. Su coalición, táctica para IU, ha sido un fracaso, por mucho que ahora vendan que no, porque el votante comunista no ha comprado supuestas transversalidades, virajes socialdemócratas, etc. Mentar la socialdemocracia en casa de un comunista es mentar la bicha. Además han errado en el votante target, haciendo eso, porque su campaña de insultos al PSOE, en los últimos 6 meses, han indignado al votante socialista, al que han intentado sonreir en la última semana. Creo, y eso es una sensación, que las sobreactuaciones de Iglesias en diciembre y marzo pidiendo vicepresidencias y ministerios a gritos, y con apellidos, ha abierto los ojos a una parte de sus votantes de diciembre, que les compraron entonces el cartel de “nueva política”. Yo resumiria todo eso diciendo que ha sido un desastre para ellos, que deben acertar en su análisis y que están en una situación complicada, al carecer de una implantación territorial consolidada y tener que formar grupo parlamentario muy heterogéneo, lo que ya supuso problemas en enero.

Me temo que a Ciudadanos les han penalizado el pacto con el PSOE y, como a éstos, no les han reconocido el intento por sustituir el papel de un PP inmóvil, en una situación inédita en democracia. Pactar ahora con el PP parece su única salida, pero es a la vez su mayor riesgo, porque es la típica imagen del abrazo del oso y diferenciarse de ellos será muy compicado en dos años.

Y no quiero terminar sin una pincelada a los resultados en Baleares. Ya dije en su dia que la operación Unidos Podem Més era muy arriesgada y se ha demostrado un fracaso, maquillado ahora por sus inspiradores, Abril y Barceló, que se han cargado algo que definía el escenario político balear, como era la existencia de un nacionalismo isleño. El PSOE resiste bien el ataque que suponia esa coalición, crece algo en voto, mantiene el segundo diputado, pero no debe olvidar que la derrota fue en diciembre, donde perdimos un diputado y un senador. Celebrar que los resultados de ahora, dan estabilidad al Govern y al acuerdo de gobernabilidad firmado, está muy bien, porque lo contrario nos llevaba a una situación muy difícil, para la Presidenta. Pero no conviene que afrontemos el futuro, los próximos meses, desde el conformismo o la complacencia, porque hoy, en diciembre y hoy, somos la tercera fuerza en Baleares y eso exige análisis, planificación y acciones, a corto y a medio plazo. 

 

¿Pactar para qué?

Esa es la pregunta. No lo es ¿pactar con quién?. Esa es la trampa que hacen quienes la repiten y repiten cansinamente para arrimar el voto su opción.

No se trata de que el PSOE diga con quien quiere pactar, se trata de que sea cual sea la respuesta, pierde el PSOE.

Si Pedro Sánchez dice que con Rajoy, perfecto para Podemos que afianza su alocada tesis de la Gran Coalición, por más que la hayamos negado n veces, con n tendiendo a infinito.

Si Pedro Sánchez dice que con Podemos, gana Rajoy, que puede seguir ostentando el estandarte de la moderación frente al radicalismo, sin que nadie pueda discutírselo. Por eso es tan repetida la pregunta en un escenario de medios de comunicación viciados y entregados a intereses concretos.

Pues bien, frente a eso, respondamos con un ¿pactar para qué?. Si es para derogar las leyes retrógradas y nada moderadas del PP de Rajoy, (LOMCE, Mordaza, Reforma Laboral, Reforma de la Administración, etc) o para que ese mismo partido asuma, pague y se depure de la corrupción en la que vive instalado, o para que volvamos al pacto de no tocar las pensiones, o para luchar contra la pobreza y las desigualdades, o para reforzar el papel progresista de una Unión Europea más social, más solidaria y más de las personas, sin duda no podemos pactar con Rajoy y el PP. Si es para reformar la Constitución sin dinamitarla, para frenar al independentismo y mantener la unidad de España, para hacer políticas socialdemócratas (de verdad) que pongan a las personas en el centro de la agenda con objeto de solucionar sus problemas, para mantener la independencia del poder judicial, para que no se amenace la pluralidad de pensamiento ni las libertades individuales o para poder ir por Europa sin hacer el ridículo, no es posible pactar con Iglesias, después de sus afirmaciones conocidas, distintas de las que ahora expresa, para esconder aquellas.

Así que dígame usted para que quiere que pactemos antes de preguntarme si quiero pactar con usted. Porque de lo contrario estamos liándonos y engañando, deliberadamente o no, a los oyentes/lectores/televidentes/ciudadanos en general.

Sólo veo una manera de salir de esta situación en la que estamos metidos, como país: el día 27J sentarse todos y escribir cada uno qué acciones de gobierno propone y a cuáles renuncia y hacer públicos esos documentos. Eso permitirá a cada cual, saber con quien no merece la pena ni empezar a hablar y con quien se puede avanzar hacia el acuerdo. Y a los ciudadanos nos dará suficientes argumentos y razones para dar y quitar confianzas.

De momento hay alguien con quien no hace falta ni intentarlo: quien tenga un ministro del Interior que a través de maniobras poco confesables pretenda atacar a adversarios políticos, que sea tan poco avispado que hasta la propia policía que él dirige, le grabe en su despacho y que, por si eso fuera poco, consiga cargar de razones a los independentistas, y no le cesa, no merece ser tenido en cuenta en ningún proyecto de pacto. Esa persona se llama Mariano Rajoy.

Con todos los demás, el 27 hablamos pero con papeles y no con declaraciones de teleprédica.