Cuando en el año 1998 (finales) y en los inicios del 1999, el PSIB-PSOE vivió su particular proceso de elecciones primarias para seleccionar a nuestro candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma, yo era el secretario de organización autonómico, por lo que viví el proceso desde muy cerca y muy dentro. Ahora, cuando se viven en el PSM-PSOE momentos de cierta alteración previos a la celebración de primarias internas, se me ocurre escribir mi experiencia de aquel proceso, por si sirve de algo a alguien.
Recuerdo que en 1998 compitieron en las primarias, Andreu Crespí, entonces secretario general del PSIB-PSOE, con Francesc Antich, por lo que “el aparato” lo tenía a favor (si es que ese aparato tiene alguna importancia en la decisión final de la militancia) quien definitivamente perdió ese proceso. Recuerdo, igualmente, que me decían que “yo era el aparato”, pero sinceramente creo no aprovechamos las únicas ventajas que puede darte “el control del partido”: el censo de militantes y el uso de la sede. Y no lo hicimos (hablo en primera persona del plural porque yo era partidario de mi secretario general, del que me propuso para ostentar la secretaría de oganización) porque los dos candidatos, Crespí y Antich, quisieron, expresamente, jugar en igualdad de condiciones.
Otra de las cosas que recuerdo, hace ya 12 años de eso, es que cuando se produjo la elección de Antich para ser nuestro candidato, me puse en contacto con quien era su principal colaborador, para ofrecerle la codirección del personal y de los medios del partido, en la precampaña y la campaña electoral que se avecinaba, y que fueron unos meses, hasta mayo del 99, de una cierta confusión personal: yo era el S.O. pero quien realmente ejercía como tal era el compañero Damià Cánoves, por decisión personal de Francesc Antich, pero también por la actitud colaboradora que Crespí quiso tener desde el primer dia después de las primarias. Y eso, creo, fue algo muy novedoso, en un partido en el que habíamos tenido, incluso en el congreso inmediatamente anterior (1996) enfrentamientos poco edificantes, que, entre otros efectos, dieron con mis huesos en el cargo orgánico comentado.
No sé si esas fueron las claves de que obtuviésemos, tod@s, la presidencia de la Comunidad Autónoma en ese mes de mayo del 1999, pero estoy seguro de que el ambiente que se generó durante y después del proceso, ayudó a:
1.- tener más espacio en los medios
2.- generar noticias positivas en torno a nuestro candidato
3.- clarificar que no eran dos compañeros enfrentados entre sí, ni dos facciones partidarias, sino la elección del mejor para liderar un proyecto de país
4.- cambiar las dinámicas internas de un partido en el que, desde entonces, no se ha vuelto a escenificar ningún episodio serio de división interna
Todo ello hemos de agradecérselo a Antich y a Crespí, a su deseo expreso de competir limpiamente, sin descalificaciones públicas y a aceptar el resultado y el propio proceso como algo positivo.
Deseo que Tomás y Trini, las dos personas que persiguen devolver a Madrid una presidencia socialista, tengan la misma capacidad que tuvieron entonces Crespí y Antich para transitar en calma por el proceso abierto y, sobre todo, que Mayo de 2011 sea para el PSM-PSOE el mes del triunfo, sea quien sea que sustituya a la nefasta Espe Aguirre.
Y una afirmación final: quien salga elegido de esas primarias, o de las que sean, es el, o la, mejor, sencillamente porque es el, o la, que la militancia ha elegido.
NOTA: para que nadie me califique de seráfico, diré que no creáis que durante el proceso de contacto con la militancia, no hubo tensiones entre ambos equipos de trabajo, porque las hubo. Pero tuvimos tod@s, pero especialmente ellos dos, la capacidad de no magnificarlas y de no publicarlas, con lo que el dia D+1 nos encontramos con que las heridas eran rasponazos superficiales, que se curaron o en torno a un café o en muy poco tiempo.
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