Pedro ya no es Hamlet, Pablo, sí.

tobeO desde la Gran Coalición a la Gran Pinza.

Desde el 20D estábamos en un escenario en el que el Hamlet, que se preguntaba sobre el sentido de la existencia era uno, pero esta semana, el Rey Felipe VI y la cobardía y el dontancredismo de Mariano Rajoy, propiciaron que el protagonista de la famosa escena, de la obra shakesperiana, cambiase.

La duda, la incertidumbre sobre si vivir y cómo vivir, que manifiesta Hamlet en el famoso soliloquio, se traslada de protagonista, o Hamlet ya no es el mismo. Es de otro partido.

Los resultados del 20D hicieron que las huestes podemitas y de la izquierda plural comenzasen una campaña de presión para evitar que se materializase la llamada Gran Coalición, o sea una alianza entre el Partido Popular y Ciudadanos, para formar gobierno, a la que el PSOE de Pedro Sánchez contribuía por acción o por omisión (desde la abstención). Cierto es que Pedro Sánchez siempre dijo que NO y que NO es NO, pero, obviamente, él era el protagonista de la duda hamletiana: o colaboraba para que hubiera gobierno de derechas, bien que matizado por la asunción de alguna parte del programa socialdemócrata del PSOE, o se cerraba en banda y fracasaba Rajoy y se abría un nuevo tiempo de diálogo o se iba a nuevas elecciones. Lo único indudable, para mí, es que Sánchez era el Hamlet corroído por la duda entre las promesas dadas y la necesidad de que su partido, el PSOE, no decepcionara a algunos de los principios por los que se ha regido siempre, relacionados con el sentido de Estado y la gobernabilidad de España.

Y en esas estábamos, cuando Mariano Rajoy decide esconderse en Moncloa, (esperando el milagro de que no haya investidura de nadie), y el Rey le ofrece a Sánchez, la iniciativa de intentar formar gobierno, y ese hecho cambia el escenario, o, mejor, cambia el protagonista y la duda se traslada a Pablo Iglesias. Ahora es Sánchez el que puede, y debe, meter presión para que la llamada Gran Pinza, es decir el acuerdo tácito entre Podemos y el Partido Popular, no provoque el No a Sánchez y su programa reformista, que, sin duda, presentará en la sesión de investidura. Ahora es Iglesias quien entona el Ser o no ser, o sea el bloquear una alternativa, de centro izquierda, al PP, o votar a favor o, como mínimo, abstenerse para que el PSOE lidere esa alternativa.

O sea que hemos pasado de la terrible y posible Gran Coalición, que hubiese pasado factura al PSOE, a medio plazo, a la temible y probable Gran Pinza, que le pasará factura a Podemos, si cometen el error de retratarse junto al PP en la sesión de investidura. Allá ellos con sus decisiones.

 

 

El PSOE y la toma de decisiones

Mucho se ha opinado estos días, casi siempre desde fuera, sobre las “movidas internas” del PSOE, no siempre desde la derecha y, siempre, con ganas de

a.- influir en la toma de decisiones del partido

b.- desgastar las posibilidades de que el PSOE lidere una auténtica alternativa a un posible gobierno conservador.

El sábado 30 el Comité Federal decidió sobre algunas cuestiones, y el Secretario General anunció otra: una consulta directa a la militancia. No quiero seguir sin decir que me parece muy acertada la decisión de Sánchez.

Sin entrar en el fondo de esas cuestiones, no hoy, por lo menos, quiero opinar sobre las formas. Creo que la consulta que ha decidido hacer Pedro Sánchez es una buena manera de ayudar a tomar una decisión de grueso calibre, por sus efectos en el futuro de España, fundamentalmente, a la que se debe un partido como el PSOE. Pero no es más democrática, y ahí es donde discrepo de algunas opiniones leídas o escuchadas, que otras formas de hacer lo mismo. No son los partidos, como las CUP, asamblearios, más democráticos que los que aplicamos, y defendemos, la democracia representativa.

A mi juicio, una organización es democrática si existen unas normas claras y transparentes, de toma de decisiones, aprobadas y sancionadas por todos los miembros, que no se cambian sin recurrir al mismo sistema por el que se aprobaron o por alguno similar, contemplado en esas normas. Los Estatutos del PSOE y su aprobación en los Congresos del partido, son la referencia y la norma que convierte en democráticas las decisiones, correctas o incorrectas, tomadas en base a ellos. Y esos Estatutos dicen que las decisiones sobre los pactos de gobierno corresponden al Comité Federal (o territorial correspondiente, para pactos de otros ámbitos espaciales), por lo que lo sucedido el sábado 30 de enero es totalmente lícito desde el punto democrático, tanto como lo sería si el Secretario General no hubiese decidido consultar a la militancia.

Cabe también opinar sobre la presunta arrogancia de algunos/as dirigentes territoriales, que han hablado en nombre de sus territorios, lo que me parece, igualmente, lícito y democrático, ya que esa es una de las funciones inherentes a las Secretarías Generales autonómicas. No acepto que según quien, o lo que, opine, valga o no, ni en una dirección ni en la contraria, porque no depende del fondo sino de la forma: ellos/as representan a sus territorios, y por lo tanto la opinión de los mismos, porque para ello les eligieron los militantes, como para otras funciones. Dicho eso, debo añadir que lo que no me parece lícito y creo que supone una falta de respeto grave a los órganos rectores de nuestra organización, es la verborrea ante los micrófonos, en tribunas mediáticas o en redes sociales, antes de la celebración de las reuniones y/o para condicionarlas, pero, incluso eso, es comprensible que se haga, dada la presión de unos medios para los que si opinas, porque presionas y si no, porque tu partido es opaco.

Hay todavía terceros actores internos, como son los “veteranos” que unos días antes se juntaron para comer y, dicen que, elaborar un documento para entregar al Secretario General. Ignoro si ese era el motivo de la comida, pero si lo fuese, no es nada que no haya pasado en el PSOE mucho antes y en lo que, por cierto, muchos de los que ahora satanizan a esos “veteranos”, participaron. Para ellos, todos, la misma petición: opinen en los foros que corresponda, sobre todo si hacerlo fuera perjudica las expectativas del partido al que, dicen, defender. Personalmente, ni me afectan ni condicionan mi opinión, compañeros como Leguina, Corcuera, Paco Vázquez u otros, y, sin embargo, dañan la imagen de nuestro PSOE.

Por tanto, a mi juicio, el PSOE es un partido absolutamente democrático, en el que, también en esta ocasión, se han respetado las normas de toma de decisiones, igual que habría sido si la consulta no se produjese, aunque en este caso, y dada la relevancia del objeto, acierta Pedro Sánchez al convocarla. Y no me queda más remedio que recordar, para aguarle la fiesta a muchos, como elegimos nosotros a nuestro actual Secretario General.

LO DUDOSAMENTE DEMOCRÁTICO es que haya columnistas heridos por otras cuestiones o subvencionados por determinados poderes, que intenten desde sus peanas liquidar al líder del PSOE por la vía de acusarle de mediocre, cobarde, cuestionado internamente, dominado por algún/a barón/esa, precisamente para, con ello, dirigirle, desde fuera, hacia la Gran Coalición con la derecha más corrupta y antisocial de Europa, para satisfacer los intereses, mezquinos, de los fondos de inversión, propietarios de los medios que les pagan. Pero, fíjense, incluso eso sería lícito si nos explicaran sus motivos y/o su financiación no fuese tan poco transparente, al menos, como las presuntas vinculaciones económicas (con el IBEX35, Venezuela o Irán) que esgrimen contra otros.