El PSOE

Volvemos a estar en campaña! Esto parece un dejàvu o el día de la marmota, pero no, es cierto, es real, y estamos inmersos en la repetición de los mismos actos de hace 6 o 7 meses.

Y en estas circunstancias, y tras lo que hemos vivido todos después del 20D, puede asaltarnos la duda de si hemos de rectificar algo de lo que hicimos o dijimos entonces. Es lícito preguntarnos qué cosas jugaron en contra nuestra, para no repetirlas, como lo es indagar cuáles nos produjeron resultados positivos, para ahondar en ellas.

Creo que algo no acabamos de hacer bien y es creernos lo que somos y de dónde venimos los socialistas, los votantes y militantes del PSOE.

Me gusta la frase de Pedro Sánchez, ¿o no es suya? de que el PSOE es como el Barça y gana cuando es PSOE (o Barça) y pierde si cambia su forma de jugar, en función del adversario o enemigo (que en esta ocasión hay de los dos). Comparto, también, lo que dice García Maldonado en CTXT cuando escribe: <<Negar el progreso de España de las últimas décadas es ignorancia, estupidez, estrategia electoral o pura maldad. O esteticismo ideológico, que es un mejunje de todo lo anterior que cotiza bien en Bolsa. Por desgracia, muchas veces ha sido el PSOE el que con su discurso de ruina hiperbólico se ha convertido en el saboteador retórico de su propio legado. El que ha hecho romántico a su electorado cuando él se hizo posibilista…>>porque ambas ideas responden a la misma realidad: nos hemos ido sintiendo cada vez menos seguros de que nuestra opción ideológica o electoral era la mejor.

Y recurrimos, en campaña, a recordar que todo lo bueno que le ha pasado a este país ha venido de la mano de gobiernos y gobernantes del PSOE, a citar la Educacion, la Sanidad, las Pensiones, el aumento del salario mínimo, el reconocimiento de derechos sociales y civiles, el fin de terrorismo, etc, pero cuando se nos cuestiona la Transición, es frecuente ver como nos azoramos, dudamos, y, en los casos de mayor juventud, retrocedemos e incluso nos ponemos la camiseta de algún color distinto al rojo. Y eso nos perjudica mucho como opción, porque no somos votantes o militantes de un partido emergente, y además adanista, sino del principal protagonista de esa tan denostada Transición, y eso nos da, tanto prestigio, si cabe, como cualquiera de las política sociales que reivindicamos como propias.

Creo que deberíamos desterrar ese error y reivindicar con el mismo orgullo, los aciertos y los errores, porque aquellos suman mucho más que éstos, porque sin el PSOE no habría habido transición democrática, porque cualquier otra solución hubiera sido mucho peor para nuestra realidad actual y porque no pasa nada por ser posibilista y reconocerlo. Porque la Monarquía, el concordato con la Iglesia católica, la OTAN, la UE, el sistema monetario del euro, las alianzas antiterroristas y la integridad del Estado, por ejemplo, no fueron renuncias, ni debemos venderlas así, sino decisiones estratégicas tomadas en momentos en los que no había opciones mejores. como lo son, ahora, los pactos que estamos obligados a hacer con alguna fuerza de centro derecha o con alguna de izquierda extrema.

La esencia del PSOE español es esa. Pudo ser otra, en su momento, pero de haberlo sido, en mi opinión, estaríamos en otra situación, más parecida a la de los engullidos por Podemos, que a la nuestra, que es la de los envidiados por ellos. Eso es jugar como el PSOE, y esa es la única manera de ganar a corto, medio y largo plazo.

Toca sentarse y negociar, sin excusas ni ardides

Esta semana se ha producido el primer intento de investidura fallido de la historia moderna de la democracia española. Pedro Sánchez ha tenido que escuchar variados argumentos (e insultos), algunos de ellos francamente peregrinos. Descontando los del PP, desautorizado Rajoy por su cobardía y pereza, los insultos de Iglesias y algún exabrupto de Rufián, hay algún argumento curioso.

Hoy he escuchado a Garzón definir el documento con el que Sánchez acudió a la investidura, como un conjunto de políticas sociales de izquierdas, junto a otras de carácter económico, que el califica como de derechas. Bien, hasta aquí discutible, pero posible. Y sobre todo, corregible si hay voluntad de intentarlo.

En efecto, creo que no se puede pedir a Sánchez que abandone, ahora, a la única fuerza política que ha querido -sí, querido- sentarse, en serio, para redactar un programa de gobierno, con cara y ojos, fruto de los programas electroales de los dos, PSOE y Ciudadanos, y resultado de la NECESARIA NEGOCIACIÓN. Y creo que no pueden hacerlo los que no han querido o no han sido capaces de hacer eso: negociar, redactar, poner ideas sobre la mesa.

Sin embargo SÍ pueden hacer algo de utilidad, para que los españoles y las españolas no tengamos que estar con un Presidente como el que ahora está en funciones, hasta septiembre. Y no me parece difícil, si se hace lo que Garzón apunta : siéntense y modifiquen el documento hasta donde lo permitan las negociaciones y las representaciones de cada uno. Eliminen todas las políticas económicas que sea posible, si son de derechas y consoliden las sociales, que son de izquierdas.

Para ello, eso sí, no pueden ustedes exigir que no esté Ciudadanos en la mesa, porque el documento a modificar también es suyo, y deben tener derecho a opinar sobre las modificaciones que se vayan haciendo en él. Y, sobre todo, deberían reconocerles el derecho a hacerlo en la mesa, porque lo contrario sería vetarles, y eso no es muy democrático.

Y no vale su argumento de que es un partido de derechas, que lo es, porque ustedes no tienen problema (cuando suman y hablan de pacto de izquierdas) para sumar diputados de Democràcia i Llibertat, de derechas, por mucho que el nombre de su grupo esté en catalán y sean independentistas, salvo que ustedes compartan la teoría, franquista, de que los independentistas eran de izquierdas. Y si dudan, repasen lo aprobado por ellos en la legislatura pasada.

En suma,  Sr. Garzón, Sr. Iglesias, dejen de poner excusas para sentarse, déjense de vetos y de calificar al adversario, porque no hay nada más de derechas que dejar a Rajoy en Moncloa. Y, por encima de todo, dejen de insultar para no tener que sentarse.