¿Pactar para qué?

Esa es la pregunta. No lo es ¿pactar con quién?. Esa es la trampa que hacen quienes la repiten y repiten cansinamente para arrimar el voto su opción.

No se trata de que el PSOE diga con quien quiere pactar, se trata de que sea cual sea la respuesta, pierde el PSOE.

Si Pedro Sánchez dice que con Rajoy, perfecto para Podemos que afianza su alocada tesis de la Gran Coalición, por más que la hayamos negado n veces, con n tendiendo a infinito.

Si Pedro Sánchez dice que con Podemos, gana Rajoy, que puede seguir ostentando el estandarte de la moderación frente al radicalismo, sin que nadie pueda discutírselo. Por eso es tan repetida la pregunta en un escenario de medios de comunicación viciados y entregados a intereses concretos.

Pues bien, frente a eso, respondamos con un ¿pactar para qué?. Si es para derogar las leyes retrógradas y nada moderadas del PP de Rajoy, (LOMCE, Mordaza, Reforma Laboral, Reforma de la Administración, etc) o para que ese mismo partido asuma, pague y se depure de la corrupción en la que vive instalado, o para que volvamos al pacto de no tocar las pensiones, o para luchar contra la pobreza y las desigualdades, o para reforzar el papel progresista de una Unión Europea más social, más solidaria y más de las personas, sin duda no podemos pactar con Rajoy y el PP. Si es para reformar la Constitución sin dinamitarla, para frenar al independentismo y mantener la unidad de España, para hacer políticas socialdemócratas (de verdad) que pongan a las personas en el centro de la agenda con objeto de solucionar sus problemas, para mantener la independencia del poder judicial, para que no se amenace la pluralidad de pensamiento ni las libertades individuales o para poder ir por Europa sin hacer el ridículo, no es posible pactar con Iglesias, después de sus afirmaciones conocidas, distintas de las que ahora expresa, para esconder aquellas.

Así que dígame usted para que quiere que pactemos antes de preguntarme si quiero pactar con usted. Porque de lo contrario estamos liándonos y engañando, deliberadamente o no, a los oyentes/lectores/televidentes/ciudadanos en general.

Sólo veo una manera de salir de esta situación en la que estamos metidos, como país: el día 27J sentarse todos y escribir cada uno qué acciones de gobierno propone y a cuáles renuncia y hacer públicos esos documentos. Eso permitirá a cada cual, saber con quien no merece la pena ni empezar a hablar y con quien se puede avanzar hacia el acuerdo. Y a los ciudadanos nos dará suficientes argumentos y razones para dar y quitar confianzas.

De momento hay alguien con quien no hace falta ni intentarlo: quien tenga un ministro del Interior que a través de maniobras poco confesables pretenda atacar a adversarios políticos, que sea tan poco avispado que hasta la propia policía que él dirige, le grabe en su despacho y que, por si eso fuera poco, consiga cargar de razones a los independentistas, y no le cesa, no merece ser tenido en cuenta en ningún proyecto de pacto. Esa persona se llama Mariano Rajoy.

Con todos los demás, el 27 hablamos pero con papeles y no con declaraciones de teleprédica.

Cosas de la nueva sociedad

Ayer estuve viendo el debate electoral en IB3 la televisión autonómica de Balears y acabé pensando en que algo había pasado en el último año, o años, que había cambiado esta sociedad en la que me inserto y vivo.

Un cambio claro que ayer estalló en mi retina y se trasladó a mi cerebro y que no visualicé antes con tanta claridad: la desaparición, ¿momentánea? del nacionalismo balear como opción de voto.  Ayer esa opción no estuvo en el mencionado debate electoral. Como anécdota, sólo habló en catalán el representante del PSOE, y la candidata del PP, a ratos y bastante mal, por cierto. Ya, ya sé que es una anécdota, pero me faltó alguien más.

La búsqueda del sorpasso, por parte de algunos y la de tener una silla en el Congreso por parte de otros, ha provocado que en Baleares se haya perdido una candidatura que hacía muchos años estaba presente y que, creo, aportaba algunas cosas.

Tengo que decir que nunca les he votado porque no soy nada nacionalista, y que eso tal vez a alguno le servirá para descalificar lo que en este post afirmo, pero matar al mensajero nunca fue buena solución. Cuando el Partido Socialista de Mallorca, PSM, que siempre había hecho de la defensa del catalanismo identitario, su bandera, se perdió dentro de las siglas de MÉS, ya me sorprendí y, porque no decirlo, despisté, aunque entonces no fui del todo consciente, de la renuncia ideológica que esa táctica comportaba. Tal vez era el preludio de lo que ahora ha emergido, y yo no lo ví.
Ahora, que los restos que quedaban del nacionalismo balear, se volatilicen, en una oferta electoral que emplea carteles en bilingüe y candidatos, visibles, exclusivamente castellanohablantes, me parece de una incoherencia superlativa, para quien, como partido, como PSM, curiosamente, ha ido virando desde un nacionalismo ilustrado de izquierdas, hacia un soberanismo cortaypegado del catalán.

No se me oculta que hay tacticismo tras esta opción, pero … demasiada táctica puede hundir la estrategia, y acabar difuminando un proyecto, que, si sigue teniendo sentido, si sigue existiendo en esta nueva sociedad del siglo XXI un nicho ideológico que lo sustente, alguien reanudará con siglas, caras y ojos diferentes.