Cuando un niño de 5 años se interpuso entre un árbitro y su entrenador, y les espetó la frase mencionada en el título, se produjo un catacrac sobre el césped. Me imagino la cara de los adultos, en plena discusión y el chiquitajo en medio.
A mí ese niño me recuerda a mucha gente, que no conozco y que sí, que he visto ayer o que no veré nunca. Al comerciante amigo que se va al carajo con su negocio, al padre parado de hijos e hijas paradas, al desconocido aquel que andaba ayer por la Gran Vía madrileña escudriñando las papeleras, a la mujer nada desharrapada, que se agacha, en el centro de Palma, y recoge una colilla que se lleva a la boca y la reenciende, a l@s que cada mañana están en la cola del comedor social, a la señora con dos hijos cuyo desahucio ví, hace unas semanas, televisado y ….. a tantos y tantas otras.
Y me los recuerda por su desvalidez ante la situación que viven, porque el niño y ell@s contemplan sin posibilidad de romperla una realidad que parece ignorarles, aunque la discusión tiene mucho que ver con ellos.
Y a la vez los adultos del campo de fútbol me recuerdan a los dirigentes de este país llamado España y a los de esa querida Europa, que discuten/imos, como el árbitro y el entrenador de Gran Canaria, sobre la jugada que se ha producido en el campo, sin ponernos de acuerdo sobre quien está en posesión de la verdad, sin escuchar al otro y sin pensar en que, mientras tanto, Alejandro Rodríguez Macías, y muchos como él, están hartos de que discutamos, que el tiempo pasa y ellos quieren jugar.
Haríamos bien pensar en ese
´No discutan, que quiero jugar´
cuando debatamos con el gobierno sus y nuestras soluciones y haría bien el Presidente Rajoy, y sus ministros, en pensar en la imagen de ese niño, cada vez que, para explicar una medida o disculpar un error, mira al pasado y les da la culpa a los que gobernaron antes.
Y lo mismo recomiendo hacer a mis compañeros y compañeras cuando nos empeñemos en discutir sobre primarias, candidatos, procesos internos y otras cuestiones. Hay gente que quiere jugar y no les dejamos, y su tiempo de juego se acaba.
